lunes, 6 de agosto de 2012


Por retener la vida en mí - intento vano
de quebrar esta quietud y sus albores -
así dure un segundo y sólo uno,
sesgaría el gesto diáfano en mis manos
prestando a la muerte sus labores.

Osaría hacer del aire algún suspiro,
el halo último en que halle el movimiento;
y en un pacto con la vil cosechadora
robaría para mi cualquier respiro,
haría un raro aliento, mi aliento.

Pues es mi vida más muerte que la muerte;
me torna ajeno ante los pies que me levantan.
Y a tal intenta mi latir la inexistencia
que hasta el dolor, por no dejarme ser, no duele;
que aquella luz, por ignorarme, no me alcanza.

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, Mechi. Tanto me ha costado volver que tanto más me alegra hoy tu visita.
      Un gran beso.

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  2. Gregorio, de verdad había sido harto tiempo sin visitarnos mutuamente. La verdad es que, a pesar de nunca fue mi intención, los estudios me habían absorbido y era muy poco lo que escribía; ahora, sin embargo, estoy retomando el ritmo, y me alegra saber que tu también. Siempre me encantó leer tus poemas, y el efecto sigue intacto a aquel de hace ya un par de años.

    Saludos, nos estamos leyendo!

    Javier

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