sábado, 23 de mayo de 2009

Lluvia

Hoy el cielo aplasta el horizonte empañando los cristales. Las lágrimas de la ciudad se confunden con las mías y no encuentro en las calles el rumbo que calme mi sed.
Desvaríos de asfalto disuaden las nubes que transporto. Puedo fundirme con el aire y ya no preciso caminar. Así sensibilizo mis sentidos y respiro el mundo en cada latido. Humedad, grises, smog. Algunas caras, una mirada y un vago olor a cigarrillo.
Pero despierto. Vuelvo a entrar por la ventana y acepto el mate que me ofrecen unas manos amigas. Y seguimos hablando, sin que nadie perciba que estuve fuera algunos minutos. Quizas ellos también lo estuvieron.

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